Veronika e Imre Csente

Veronika e Imre Csente

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Nos conocimos en noviembre del 2009 en una reunión de asesoramiento de Nu Skin. Por aquel entonces yo ya llevaba dos años construyendo mi negocio, e Imre, que acababa de convertirse en Emerald, se había incorporado al equipo un par de meses antes. En un instante nos convertimos en socios y familia, y comenzamos a compartir los mismos sueños. 

 

Pero empecemos desde el principio...

 

Yo no quería crear una red, pero sí deseaba vivir y tener éxito como una profesional independiente, porque en lo más hondo de mi alma siempre he sabido que esa es la única forma de ser libre. Tengo dos hermanos y mi madre nos crio ella sola. A pesar de tener un cargo directivo en la Facultad de Medicina, participó en los primeros actos de marketing multinivel (MLM) que tuvieron lugar en Hungría y, en muchas ocasiones, nos llevaba con ella. Aplaudí a muchas personas que habían triunfado como creadores de redes y escuché varias historias de éxito. Pude ver el estilo de vida que se puede alcanzar trabajando con constancia, si bien aquellas empresas no eran para mí. 

 

Aunque tenía varios títulos universitarios, carecía de experiencia profesional, y por ese motivo rechazaban todas mis solicitudes de empleo; de ahí que comenzara a dirigir diversas empresas con mis hermanos. Teníamos ideas increíbles, pero no capital suficiente para que pudieran prosperar. Estábamos tan desesperados que ya habíamos empezado a buscar trabajo en el extranjero. Fue entonces cuando conocimos a Kenton Worthington. Fue extraño que no intentara "vendernos" la empresa, sino que se interesara por nosotros. Nos decidimos en cuestión de segundos y tuvimos éxito a los pocos meses. A los veintitantos años nos convertimos en personas libres en lo que respecta al tiempo y al dinero. 

 

Después conocí a Imre, que tras diez años de trabajo en el sector de la hostelería, dejó su exitosa carrera profesional para perseguir la visión de Nu Skin. Empezó sin ninguna experiencia y, al principio, pensó en ello como una fuente de ingresos adicional, pero pronto se dio cuenta de que merecía la pena invertir tiempo y energía. 

 

Cuando nos conocimos, diseñamos la estrategia para que él se convirtiera en Diamond, a partir de esa visión, elaboramos nuestros planes comunes.

 

Cuando nuestro hijo Nimó, que ahora tiene dos años y medio, cumplió su primer año, empezamos a pensar en establecer nuevos objetivos comerciales e intentar trabajar desde casa con ayuda de las redes sociales. Los cambios que ha experimentado el mundo y el desarrollo tecnológico han traído consigo nuevas posibilidades para el negocio y, aprovechando esos cambios, hemos visto nuevos resultados.

 

Si lo comparas con la creación de negocio tradicional sin internet, parecía, por un lado, un cuento de hadas y, por otro, algo imposible de lograr, sobre todo porque ninguno de los dos teníamos experiencia en ese campo. 

 

Pero establecimos nuestro objetivo y dedicamos todo nuestro tiempo a aprender y enseñar a nuestro equipo todo lo relacionado con esta nueva forma de desarrollar un negocio. Y, de repente, conocimos a muchas madres que buscaban una fuente de ingresos que les permitiera pasar tiempo con sus hijos. Nuestro equipo se ha convertido en una comunidad en la que nos ayudamos y apoyamos mutuamente. ¡Estamos orgullosísimos de todos y cada uno de sus miembros!

 

La lección más importante que hemos aprendido en el último año y medio puede ser: ¡SIMPLEMENTE HAZLO! Estuvimos dándole vueltas durante días antes de subir la primera publicación. ¿Será buena? ¿Se reirán de nosotros? ¿Funcionará? 

 

Entonces, una mañana me levanté pensando que, si no lo publicaba, nunca lo sabría. LO PUBLIQUÉ. SALIÓ BIEN. FUNCIONÓ. 

 

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